lunes, 30 de mayo de 2011

Complemento.


Cuando miras el camino, yo sigo tus ojos como sí me estuvieras guiando hacía el infinito.

Cuando no tienes mucho que decir o simplemente no te salen las palabras adecuadas, soy yo quien completa tus pensamientos.

Cuando sonríes, pero no llegas a reírte, soy yo quien lanza una carcajada a tu lado.

Cuando escribes una historia y no sabes el final adecuado, soy yo quien dicta el final para que quede genial; y cuando la lees en voz alta para asegurarte de que te gusta, soy yo quien les da vida a tus personajes de sueños.

Y, finalmente, cuando algunas veces me dices te amo, soy yo quien te responde rebosante de felicidad y te besa con pasión.

Código: 1105309337662
Luchy Franco

martes, 17 de mayo de 2011

Noche de Sabado.


Sebastián siempre que podía seguia lo que sus instintos le dictaban. Pocas veces los reprimía, los ocultaba...

...Y ese era justo el momento. Sentados en una ronda en la habitación de Nadine y Alexz, Thomas, Xavier y Sebastián sabían que estaban incumpliendo las reglas ¿Pero como no hacerlo? La tentación era demasiado grande como para dejarla pasar, y ninguno de los cinco estaban dispuestos a pasar una noche aburrida un sabado lluvioso. Sí los profesores no eran capaces de irrumpir su diversión, mucho menos el clima.

No estaban tomando, no estaban fumando... Era una noche extraña para las acostumbradas reuniones que solían hacer los fines de semana. Se estaban divirtiendo sanamente, comiendo comida basura, con música a un volumen que no llamara la atención y jugando al Poker.

— ¿Han pensado qué serán al salir de acá?

Cuatro pares de ojos se centraron en Nadine, quien al tener la completa atención de sus amigos, se ruborizo. Soltó las cartas boca abajo para que no se viera su juego y se expreso con seriedad.

—Sé que faltan dos años para que nos graduemos... Pero, no lo sé. Hace días que la idea esta en mi mente e incluso no me deja dormir.— Soltó un suspiro.— ¿Lo han pensado alguna vez? No conocemos lo que es el mundo, al menos no creo que lo hagamos. Toda nuestra vida fue dentro de este internado... Y sí seremos lo que nos dicen, entonces no seremos nadie.

— ¿Por qué ahora?— Thomas se veía confundido al igual que Xavier, pero tanto Alexz como Sebastián parecían tan preocupados o más que la propia Nadine. Obviamente, todos lo habían pensado, pero aún les quedaba tiempo para meditarlo... ¿Por qué les quedaba, no?

— El Sr.Nazca ha estado hablando sobre que es muy probable de que los hijos suelan seguir los pasos de sus padres, que por más que no lo deseen es inevitable. Sé lo que fueron los míos, y no quiero seguir sus pasos.

—Y no los seguirás, Dine. Estoy seguro que a lo que se refería era a más que nada las adicciones, a la forma de pensar cuando no se tiene un apoyo. Hace años que no vemos a nuestros padres, las posibilidades de que sigamos sus pasos son una en un millón...

El silencio reino la habitación. Sebastián abrió la boca varias veces para agregar algo, pero la verdad era que no sabía muy bien que decir. A él también le aterraba terminar como sus padres, pero estaba seguro que no sucedería... O, al menos, él se esforzaría en no caer. No descartaba la posibilidad de algún día usar el alcohol para escapar de los problemas, porque de hecho, ya se refugiaba en esa excusa para escaparse del Internado los días que se anunciaban fiestas.

Pero todos eran distintos, personas con valores, no tenían porque seguir los erroneos pasos de sus padres. Quizás, sí, no deberían soñar demasiado con el hecho de llegar a ser grandes empresarios, pero sí podían soñar con una familia y un salario minímo. Futuro tenían.

Aún así, el ambiente quedo tenso, las cartas se perdieron en un juego de hacía mucho tiempo, las risas parecía ser un vals del siglo XVII, y la diversión algo ajeno.

Un sábado, un fin de semana que podría haber estado lleno de risas, juegos y bromas...Un sábado que se había convertido en una junta de reflexión, de dolor, de pensamientos temerosos y de sueños rotos.

LuchyFranco.

domingo, 15 de mayo de 2011

Días


Pasado, Sebastián un año antes de entrar al psiquiátrico.

Día gris, húmedo, amargo, deprimente. Hora desconocida, día perdido, año olvidado. Sebastián había perdido la noción del tiempo desde su partida inesperada del internado. Quizás era primavera, hasta quizás había un sol maravilloso iluminando el pueblo y podía se uno de los días más hermosos del año. Quizás, muchos quizás que Sebastián no tenía en cuento y no tenía planeado hacerlo.

Había pensado, después de muchos años de internado, que jamás volvería a ser tan miserable. Su infancia no había sido la más dulce, pero en esos momentos se sentía muchísimo peor que cuando era pequeño. Ahora, viviendo en una pensión de segunda clase, en el medio de un barrio nada recomendable, Sebastián había intentado contactar con su madre…

… Su madre, una mujer desaparecida del mundo, perdida en el Universo, inexistente para todos los seres humanos normales. Lo había intentado todo, pero nadie parecía jamás haber visto una mujer cuyas descripciones coincidieran con el recuerdo que tenía de su madre.

En realidad, a Sebastián jamás le había importado demasiado que su madre se olvidara de él. Pero no le había importado porque contaba con el apoyo del internado, de sus profesores, de sus amigos… Eran otros tiempos, otras épocas que parecían haber pasado hacía mucho tiempo y lo cierto era que solo habían pasado un par de días.

Días grises, oscuros, duros, desolados. Días largos. Días eternos de sufrimiento. Días que esperaba borrar de su memoria para siempre, olvidarlos y enterrarlos. Días que presumiría como pesadillas, jamás haberlos vivido. Días que formarían los recuerdos de nadie.


Código: 1105169227325

LuchyFranco

miércoles, 11 de mayo de 2011

Tiempos.


"Sienta bien pensar en el pasado, cuando el futuro da miedo"

-Federico Moccia.

Sebastian había ocultado su infancia, desde que había salido de ella, en un rincón oscuro y olvidado de su mente. Se había esforzado demasiado en jamás dejar relucir sus penas pasadas, olvidar los daños y los errores, las tragedias y las violencias. Y lo había logrado, se le había dado muy bien.

Era verdad que en el internado no era niño más popular o el que gozaba con mayor cantidad de amigos, él se limitaba a un pequeño grupo de personas fieles y de buen corazón según su juicio. Y, entre ese grupo reducido, aún eran menos los que conocían algunos rasgos de su pasado. Se había mostrado fuerte, había olvidado lo malo y solo rescataba lo seguro...

...Pero cuando ya no queda nada bueno, recurrió a lo malo. Ahora, sólo, sin nadie ni nada, Sebastian no podía dejar de mirar atrás, de recordar los gritos y los maltratos de su madre, como así tampoco la muerte de la única persona que lo había amado: su abuela.

Estaba a punto de cumplir un año de su huida inesperada y estúpida del internado. Podría haber vuelto hacía tiempo, pero su orgullo no lo había dejado. Había vivido demasiadas humillaciones como para tener que bajar el mentón y volver a mirar a Nadine a la cara. Sí, a ella se reducía todo. No le importaban las demás personas, no sus otros amigos, no los profesores, no los empleados. Sólo ella, no quería regresar para tener que ver la lastima en sus ojos, la compasión por no sentir lo mismo que él por ella.

Sebastian, más que nadie quizás, sabía lo cruel que podía ser la vida, lo dura que resultaba más aún cuando había que enfrentarlo sólo. Él siempre lo había estado, ahora más que nunca. No le gustaba, no entendía como podía sobrevivir a tantas caídas... En todas se lastimaba, pero ninguna lo mataba, y a veces, deseaba tanto que eso sucediera.

Mirar al pasado en esos momentos duros no era su mejor plan para enfrentar el futuro, pero es que tenía tanto miedo... Un miedo que no era sano, que lo estaba consumiendo, que lo estaba atando a sueños desastrosos. Un año atrás podría a ver pensado que sería una persona con un futuro, quizás no como un abogado, pero sí con un trabajo estable, una familia esperándolo en su casa al final del día. Ahora ya no tenía esperanzas, no tenía ganas de soñar con cosas que jamás le sucederían.

El pasado era lo seguro, pensar en él lo mantenía cuerdo. El futuro era demasiado incierto, y el presente tenebroso. Nada bueno parecía esperarle, por lo que se refugió en lo único que podría hacerlo dormir esa noche helada de Agosto...

— Abuela, ¡Abuela! ¿Qué crees que seré de grande?

— No lo sé, cariño, serás lo que tu quieras... Siempre que mires al futuro con valentía y olvides al pasado con cobardía.

Código: 1105119190259
Luchy Franco.